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domingo, 5 de abril de 2015

La asexualidad en el cine y la literatura

Aunque el principal problema del desconocimiento de la asexualidad es su falta de visibilidad, sí ha estado presente, aunque de forma tímida e intermitente, en el cine y la literatura.
Uno de los libros más exitosos sobre asexualidad es la novela L´Envie, de la periodista francesa Sophie Fontanel, que en 2013 había vendido más de 150.000 ejemplares. Diario de un asexual, de Lucía Lietsi, y Asexualidad, ¿se puede vivir sin sexo, de Javier León Gómez, también han tenido un importante tirón.
Clara, uno de los personajes de la novela de Isabel Allende La casa de los espíritus, parece ser asexual, ya que carece de cualquier tipo de interés por el sexo y afirma que el coito sólo le provoca dolor de huesos. También Remedios, personaje de la novela Cien años de soledad, del premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, responde al perfil de asexual. Viene la noche, de Óscar Esquivia, está centrada en una pareja casada que renuncia al sexo. Y en Muerte entre poetas, de Ángela Vallvey, uno de los personajes declara abiertamente su asexualidad.

En el cine también se ha retratado esta tendencia. Uno de los ejemplos más recientes es el filme Nymphomaniac (2013), de Lars von Trier, centrado en una mujer hipersexual: el personaje que la rescata, Seligman, es asexual.
http://www.laopinioncoruna.es/sociedad/2015/03/29/asexualidad-cine-literatura/941631.html

La orientación invisible

Varios estudios apuntan que el 1% de la población es asexual - Los miembros de ese colectivo no experimentan atracción sexual por nadie y reivindican el derecho a vivir sin sexo sin ser estigmatizados

La idea de una persona indiferente ante el sexo es difícil de concebir. Sin embargo, la asexualidad ha existido siempre. La historia está llena de ejemplos. El arte, el cine y la literatura también. De hecho, varios estudios científicos apuntan que al menos un 1% de la población carecería de impulsos eróticos, lo que en España se traduciría en unas 420.000 personas y, en Galicia, en más de 20.000. "La asexualidad es una opción sexual, igual que la heterosexualidad o la homosexualidad", afirman los miembros de este colectivo, cada vez más organizado -tienen hasta su propia bandera y cuentan con una plataforma 'online', AVEN, donde darse a conocer al mundo-, y reconocen que su principal problema es el desconocimiento por la falta de visibilidad.
El filósofo alemán Friedrich Nietzsche lo definió como "una trampa de la naturaleza para no extinguirse"; la actriz Bette Davis dijo que era "la broma más grande que Dios ha hecho a los seres humanos"; y para el director de cine Woody Allen es "lo más divertido que el hombre puede hacer sin reír". Aunque el sexo constituye, para el común de los mortales, la modalidad de entretenimiento más antigua que se conoce, también hay personas a las que los juegos de cama no les interesan lo más mínimo.
La asexualidad existe y ha existido siempre. La historia está llena de ejemplos. También el arte, el cine y la literatura. El mismísimo Gabriel García Márquez retrató en "Cien años de soledad" a Remedios, un personaje incapaz de sentir atracción por nadie. Hasta se dice que dentro del mundo animal hay seres asexuales. Los especialistas estiman que alrededor del 1% de la población mundial es asexual, lo que en España se traduciría en unos 420.000 ciudadanos que pasan completamente del sexo y, en Galicia, en unos 20.000.
De un tiempo a esta parte, han empezado a organizarse, tienen su propia bandera -negra, gris, blanca y morada- y desde hace ya algunos años cuentan con una plataforma online, AVEN (Asexuality Visibility and Education Network), donde darse a conocer al mundo para dejar de ser tachados de raros y, lo más difícil, hacer ver que "el problema de la asexualidad es convencer a la gente de que no hay ningún problema".
En la propia página web de AVEN se define a un asexual como "una persona que no experimenta ningún tipo de atracción sexual". El portal de internet insiste, además, en que no es una patología, en que los asexuales "son gente normal" y subraya que están "hartos" de sentirse "presionados por la sociedad" para mantener relaciones sexuales.
Algunos sexólogos, sin embargo, justifican y comparan la asexualidad con un celibato voluntario, con una elección personal de eliminar las relaciones sexuales de su vida por diferentes motivos. Pero los asexuales diferencian claramente ambas acepciones. De hecho, según la página de internet asexuality.org, la asexualidad, a diferencia del celibato, "no es una opción". "La asexualidad es una orientación, algo que le ocurre al individuo al margen de su voluntad. Otra cosa es que decida seguir su naturaleza o negarla", subraya la citada web, y añade: "Las personas asexuales tienen las mismas necesidades emocionales que todos los demás y, como el resto, pueden establecer relaciones afectivas".
La asexualidad, por tanto, no tiene nada que ver con el hecho de que, durante un momento de su vida, algunas personas tengan bajo deseo sexual y rechacen o eliminen de su vida el sexo y las relaciones. Por ejemplo, hay quienes han tenido una experiencia traumática y desarrollan ciertas fobias. O casos en los que el componente religioso y/o cultural cobran un papel destacado.
"Las personas asexuales no presentan ningún tipo de deseo erótico", según el doctor Anthony Bogaert, de la Universidad de Brock en Canadá, autor de un estudio que concluye que un 1% de la población mundial es asexual. Otro informe de Journal of Sex Research apunta el mismo porcentaje. "Hay quien, simplemente, no experimenta ningún tipo de interés sexual. A diferencia de la mayoría de las personas que sentimos atracción hacia otros, ya sean del sexo opuesto, del mismo o de ambos, los asexuales no presentan ningún tipo de deseo erótico", insiste en su estudio Bogaert.

Encontrarse a gusto con su condición -ya que los asexuales no resienten la falta de deseo, ni siquiera el poder experimentarlo, aseguran-no significa ser un solitario o carecer de necesidades afectivas. Dicen tener las mismas necesidades que los demás, pero las satisfacen de otra manera. El principal problema del desconocimiento de la asexualidad es, apuntan, la falta de visibilidad. Lucía Lietsi, autora del libro autobiográfico "Diario de una asexual", o el antropólogo y editor Javier León Gómez han contribuido a que se conozca un poco más a través de sus publicaciones, haciendo que mucha gente se sintiera "aliviada" y comprendida. León Gómez escribió Asexualidad, ¿se puede vivir sin sexo? con una idea clara: "Cuando descubrí que era asexual fue tal el alivio que experimenté que sentí la necesidad de compartirlo", subraya. Y Lietsi reflexiona: "¿Cómo se puede sentir un adolescente que no siente la necesidad de experimentar sexualmente con nadie y que, además, cree que tiene que encajar en alguna de las orientaciones sexuales conocidas?".
http://www.farodevigo.es/sociedad-cultura/2015/03/29/orientacion-invisible/1210792.html

lunes, 30 de marzo de 2015

Programa 5: Entre tú y yo


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Hola amigos y amigas de este Blog, aquí tenéis una nueva entrega de nuestro programa. Recordaros que podéis dejarnos vuestras consultas, opiniones o sugerencias en cary.kary2@gmail.com
Gracias por seguirnos y no dejeis de escucharnos en As Radio

Programa 4: Entre tú y yo




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Para hacer vuestras consultas podéis escribirme a cary.kary2@gmail.com
Esperamos vuestra participación.
Gracias por escucharnos.

domingo, 29 de marzo de 2015

Asexualidad: una condición de vida

La sexóloga expone que las personas diagnosticadas lo definen como la falta de deseo sexual.

Santo Domingo,Rep.Dom.- En la vida los seres humanos se caracterizan por su capacidad de decidir lo que desean disfrutar. El placer, como un sentimiento agradable, está presente a la hora de comer, beber, divertirse o tener sexo. Sin embargo, no todos pueden sentir atracción sexual.
Ana Simó, experta en Sexología, explica que existen personas asexuales, es decir, que no sienten atracción sexual. 
La sexóloga expone que las personas diagnosticadas lo definen como la falta de deseo sexual. 
“Nunca piensan en erotismo y no se encuentran a nadie atractivo en este deseo. Ellos pueden ver la belleza exterior pero no con el morbo que otros lo ven”, dice.
La falta de interés en el sexo conduce a hombres y mujeres afectados con la misma condición a no intimar. Para ellos simplemente el acto sexual no es importante, tienen otras cosas que disfrutar, explica Simó.
Diagnóstico
Para tener una evaluación correcta, la sexóloga Sonia Romero recomienda tener en cuenta que estas personas no son enfermas. La  actitud de ellos no se debe a problemas religiosos o morales. Para el sexólogo diagnosticar esta condición debe descartar problemas hormonales o el uso de algún fármaco que pueda estar produciéndole esa ausencia de deseo sexual.
Vida amorosa
El amor hace sentir cosas maravillosas como estar felices y sonreír todo el día.
Romero aclara que si el asexual se enamora de una persona activa, puede llegar a consumar el acto sexual solo por complacerla y por darse la oportunidad de ver si cambia su condición. Por eso pueden tener hijos. 
Algunos practican la masturbación solo en forma ocasional.
Existe otro tipo de asexual que, como expone Ana Simó, es el que disfruta de los placeres de la vida, como enamorase, tiener su pareja y expresar afectos, pero  sin complacer a la pareja en el coito. 
 “Muchos asexuales formalizan una relación con una persona totalmente diferente y tratan de llegar a un acuerdo de no tener relaciones sexuales”.
Pero hay muchos acuerdos que al final se rompen,  como en el caso de la pareja  que no acepta la condición de su amado. 
Ayuda
La sexóloga Simó explica:  “Es necesario la ayuda de un terapeuta, pues muchas veces la pareja puede interpretarlo como rechazo, falta de interés, falta de amor, infidelidad, y por eso es tan importante la psicoeducación”.
La crisis aparece cuando el que siente el gusto por el sexo le exige a  su pareja responsabilidad en la cama y ahí comienza la diferencia de criterios. Esta es la razón por la que visitan a los sexólogos, aunque no es frecuente en consultas los casos de personas asexuales, comenta Simó.
Para el asexual, esto no es un problema, es una condición y es la razón por la cual la gran mayoría lo acepta, resalta Simó.
Pero muchas veces tener una condición es un arma de doble filo que trae consigo el rechazo. Por esta razón Simó puntualiza: “A pesar de ser pocos los casos en que la persona no acepta su condición asexual y trata de olvidarse de sí mismo para complacer a su pareja, las consecuencias que sufre la lleva a determinados problemas, entre los cuales se encuentran: bloqueo, depresión, angustia, baja autoestima, sensación de abuso y desamor”. 
((Más
Otras vías de estimulación
Los asexuales dominan el autoplacer por diversos tipos de estimulación, como el de la masturbación, aclara la sexóloga Ana Simó.
“No necesariamente los asexuales se  abstienen, pues esto no es el celibato, donde la persona reprime su deseo sexual, esta condición no le permite a las persona sentirse atraída a compartir en una actividad sexual con otra persona”.
Estas personas pueden sentir deseos de masturbarse, pero sin la necesidad de pensar en alguien, es decir, sin la necesidad de fantasear, aclara Simó. 

También los asexuales se hacen visibles


La vida sin deseo carnal es posible y estudios canadienses de 2004 revelan que el uno por ciento de la población adulta vive sin sentir atracción física por hombres o mujeres.
Los asexuales, un reducido grupo para el cual el sexo resulta por completo irrelevante; son quienes no creen que el otro no sea atractivo sino que por su naturaleza no les importa. (Shutterstock)
Ciudad de México

Son una minoría dentro de las minorías. Espectros que deambulan indiferentes en un mundo dominado por el placer carnal. Seres a quienes las imágenes eróticas que tapizan las calles y que invitan seductoras al consumo les provocan nada. Son los habitantes impasibles, invisibles y muchas veces considerados frígidos de una sociedad hedonista. Se trata de los asexuales, un reducido grupo para el cual el sexo resulta por completo irrelevante; son quienes no creen que el otro no sea atractivo sino que por su naturaleza no les importa.
Aldo está sentado frente a mí en un café del Centro Histórico. Es la época del año en que el aire aún enfría el cuerpo; sin embargo, adentro, solo la luz del Sol se filtra para reconfortar al joven alto, moreno, de profundos ojos negros, espigado como espárrago. A nuestra cita ha llegado perfectamente arreglado: camisa azul marino, pantalones de vestir, zapatos negros y un olor a colonia fresca. Desde su silla, el joven mira a su alrededor indiferente, casi arrogante, como si nadie o nada le causara interés.
Esta actitud, dice, no es nueva, desde siempre ha sido así: aunque en este salón puede hallar a alguien estéticamente atractivo, el encontrarlo sería "como admirar el amanecer, la puesta del Sol; una obra de arte", me explicaría más tarde entre un sorbo de café esforzándose para que yo, un heterosexual más de los que conviven —o acechan— en esta ciudad, logre comprender su condición.
Aldo es uno de los, si acaso, 50 mexicanos que forman parte de un colectivo que se declara abiertamente asexual, hombres y mujeres que no sienten atracción sexual, o sienten muy poca. Recientemente, este grupo ha logrado contactarse a través de internet y las redes sociales. Además, poco a poco, hombres y mujeres de diferentes edades y ciudades de la República han logrado frecuentarse personalmente con la idea de intercambiar experiencias, información y dar a conocer a la opinión pública quiénes son y qué es la asexualidad.
ENTRE PELUCAS Y ZAPATILLAS
Una impresionante columna carnavalesca avanzó por el Paseo de la Reforma el último sábado de junio de 2014. Como cada año, los asistentes a la marcha del orgullo gay portaban vestimentas multicolores, alocadas pelucas, altísimas zapatillas, hermosas alas emplumadas sobre carros alegóricos que iban fondeados por los estruendosos beats de la música electrónica.
Nuevamente, el colectivo LGBTTTI (Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Travesti, Transgénero e Intersexual) salía para exigir a las autoridades que se le otorgara a su comunidad los mismos derechos que cualquier otro ciudadano tiene en el país.
"Me dijeron que era solo un reprimido, que no he encontrado quién me satisfaga"
Mezclado entre los arcoíris estampados dispersos aquí y allá, las alocadas vestimentas, las pelucas, las zapatillas y las alas emplumadas, se encontraba un tímido Aldo envuelto por una multicolor bandera de franjas poco convencional y que despertaba algún interés en los asistentes a la marcha. Unos días antes, ya declarado abiertamente asexual, el joven, que entonces estudiaba idiomas, había decidido que iría a la concentración portando el máximo símbolo del movimiento: un lábaro a rayas horizontales que combina los colores negro, gris, blanco y púrpura y que simbolizan la asexualidad, la demisexualidad, la sexualidad y la comunidad, respectivamente, y que él mismo confeccionaría.
La intención de hacerse presente, como lo han hecho otros asexuales alrededor del mundo en ciudades como San Francisco, Londres, Estocolmo y Toronto con el emblema internacional, era ver si alguien más se reconocía y podían entrar en contacto con él para entablar una amistad o, simplemente, intercambiar información. Aldo imaginó que no faltaría alguien, quizá alguno de los pocos mexicanos que por entonces rondaban anónimos los nutridos foros de páginas de internet como asexuality.org.
Sin embargo, el joven se sorprendió al ver pasar las horas caminando y hablando con algunas asistentes que se acercaban, pero sin lograr dar con otra persona que compartiera su orientación sexual. Algunos de los curiosos le cuestionaron de qué era su bandera, de qué se trataba la asexualidad; si acaso los asexuales no tenían genitales, si eran como maniquíes, como eunucos; otros, como dice que le sucede continuamente, trataron de convencerlo —amable y sutilmente— de que quizá él era solo un reprimido que no había encontrado aún quien los satisficiera sexualmente.
"En ese momento me sentí completamente solo", me dijo mientras pedía que le volvieran a llenar la taza con café americano.
UNA RELACIÓN EXTRAÑA
Hace justo dos años, luego de investigar por un largo tiempo qué era ese algo que lo detenía justo en el momento en que tenía que dejar de andar de "manita sudada" con sus parejas y dar el siguiente paso en la intimidad, el joven de 31 años supo que pertenecía a esa minoría dentro de las minorías que no sienten deseo sexual por mujer, hombre o nada que exista en el mundo.
La historia de Aldo, quien tuvo su primera relación sexual a los 17 años con otro chico y la última hace siete años, cuando tenía 24, es como la de cualquier asexual, como la de Shiadany.
Esta chica de 22 años, además de Aldo, fue la única del grupo de por lo menos ocho jóvenes que un día antes había yo encontrado de manera fortuita reunidos frente a Bellas Artes y que se dijeron dispuestos a encontrarme al día siguiente para compartir sus historias. Shiadany narró que tuvo su primera pareja en la secundaria, pero más como una respuesta a la presión que sus amigas ejercían sobre ella para que tuviera novio. En la preparatoria, la ahora odontóloga, dice que tuvo otra relación, la cual tampoco la entusiasmó por completo.
"Después de eso, llegó una persona que me atrajo mucho su forma de ser, de pensar, como se veía y fue muy fuerte. Hubo una gran sensación. Comenzamos a vernos, a salir; pero yo no tenía la necesidad de abrazar ni de besar, simplemente con el hecho de que esa persona estuviera a mi lado me sentía a gusto", recordó.
No obstante, Shiadany dice que la otra persona no pensaba así. "Decía que si no la besaba o no la abrazaba era porque no la quería. Ella me decía que no sabía cómo acercarse más a mí y yo le respondía que yo tampoco sabía cómo tener más contacto físico con ella. Era extraña la relación —admitió—. Yo la estimé demasiado, pero al final decidimos terminar de mutuo acuerdo".
Un poco más adelante, antes de entrar en la universidad, la chica bajita, de piel morena y cabello negro dice que se dio la oportunidad de salir con otras personas, hombres y mujeres; sin embargo, no logró sentir interés más allá de estar cómoda con quienes salía. "En ese momento me pregunté qué pasaba. No sabía por qué yo era así. Entrando a la universidad me puse a investigar. Me pregunté, ¿qué soy?, ¿soy lesbiana, bi (sexual), no me siento de ningún lado", afirmó.
Fue entonces cuando se puso a indagar —como la mayoría de quienes actualmente buscan una respuesta a la incertidumbre— en el amplio e incierto mundo de internet. Ahí, encontró un mar de información desordenada pero que coincidía con lo que venía experimentando desde hace muchos años como falta de deseo sexual y necesidad de solo de cariño y compañía. "Fue entonces cuando me dije sí, soy asexual", aseguró.
EL LADO ROMÁNTICO
Por sus características, Shiadany pertenece a un tipo de asexuales que tienen marcada una tendencia romántica. Este tipo de personas, según explica la Red por la Visibilidad y Educación Asexual (AVEN, por sus siglas en inglés), son quienes necesitan más afecto que contacto físico, es decir, son quienes únicamente necesitan estar acompañados por su pareja.
AVEN añade que entre las orientaciones que tiene la asexualidad se encuentran los arrománticos que son los opuestos a los románticos; otros son los que experimentan únicamente atracción estética sin necesidad sexual; atracción sexual con mucho menos intensidad que lo que se considera normal; demisexualidad, que es quien solo puede llegar a sentir atracción sexual con quien construye un vínculo emocional muy estrecho y profundo; e, incluso, el transexualismo asexual, hombres que se visten con ropa de mujer pero que no practican ninguna relación sexual.
A pesar de que desde siempre se ha considerado a quienes no experimentan el mismo nivel de deseo sexual como "frígidos", fue hasta hace poco, en 2004, cuando Anthony Bogaert, un psicólogo y experto en sexualidad humana de la universidad de Brock ubicada en St. Catherines, Ontario, Canadá, dio a conocer que únicamente el uno por ciento de la población adulta en el mundo, como Shiadany y Aldo, no tiene interés en el sexo.
Más de 10 años atrás, en 1994, una encuesta llevada a cabo por la universidad de Chicago mostró que el 13 por ciento de 3 mil 500 participantes no había tenido relaciones sexuales en el último año; de ellos, 40 por ciento dijo sentirse muy o extremadamente contentos con sus vidas. Por supuesto que no todos quienes respondieron con esa tendencia necesariamente eran asexuales.
Al respecto, Aldo y Shiadany dicen que nunca han buscado ayuda profesional con un psicólogo o algún especialista porque se han aceptado como son. "Yo podría ir al médico, estoy seguro de que habría alguna medicina que me ayudara a incrementar el deseo sexual, pero así estoy contento", responde él.
Existe otro grupo de personas que por alguna razón ha dejado de practicar o jamás ha tenido sexo, los célibes, es decir, aquellos que han decidido la abstinencia por diferentes causas, ya sea por salud, razones morales o religiosas y con quienes los asexuales piden no confundirlos. Justo este grupo es el que en las redes sociales, como en el grupo de Facebook llamado "Asexuales Mexicanos", constantemente tienen que ser controlados por los administradores para evitar que se convierta en una página de encuentros de parejas.
Aldo dice que a él le gusta verse bien, sentirse atractivo, que no es una persona solitaria que tenga su casa llena de gatos. "Me gustaría encontrar algún día a alguien con quien compartir mi vida sin dejar de ser quien soy", sostiene. "Yo no tengo que esforzarme para contenerme las ganas de tener sexo y eso ha sido así siempre", asegura cuando le cuestiono si no se trata de una tendencia, de una moda pasajera. "Para mí hay mucha vida más allá del sexo", aclara.

Antes de dejar el café cubierto de azulejos, Aldo asegura que el ser asexual le ha permitido poder enfocarse en otros asuntos importantes de su vida como es estudiar, trabajar y ahora buscar que la asexualidad sea reconocida como una orientación sexual que tenga los mismos derechos que han ganado varios colectivos en los últimos años en el país. No obstante, antes de despedirnos, me enfatiza que lo más importante para él es la solidaridad, "que se nos entienda y que seamos aceptados, ser visibles".
http://www.milenio.com/tendencias/asexuales-tendencia-dominical_0_484751853.html

viernes, 27 de marzo de 2015

La demisexualidad a la palestra

¿Qué es la demisexualidad? ¡Ojo! Se manifiesta más en la adolescencia y juventud temprana


Lo primero que se debe aclarar es que el término no es una broma. Por el contrario, cada vez es más popular, sobre todo en Internet. 
La demisexualidad es considerada un camino medio entre homosexualidad, heterosexualidad, bisexualidad o asexualidad. El término lo experimentan, en su mayoría, las personas que no sienten atracción sexual con base en un físico, sino que únicamente las atraen sujetos que tengan una conexión emocional fuerte, llámese amistad (muy grande) o amor profundo.
Si no se cumplen esos vínculos o esa previa relación, es complicado que se pueda sentir atracción, señala el sitio web oficial del término.
“Se suele hablar de la demisexualidad como una especie de asexualidad temporal, únicamente se despierta la sexualidad de la persona que la tiene con el paso del tiempo y ciertas experiencias vitales con otra persona muy afín. En el caso de que se destruyan esos vínculos emocionales, la atracción sexual también se evapora”, explica el bloguero de Alt1040 Javier Lacort.
Una persona considerada demisexual puede ser propensa a algún tipo de confusión durante su adolescencia y esta la puede llevar al sufrimiento. Así mismo, pese a que el concepto puede ser confundido o mal interpretado, vale aclarar que un demisexual no sentirá dicha atracción si no llega a un estado de confianza (bien grande) o afinidad.
En el sitio web oficial de la demisexualidad se encuentran definidos dos tipos de atracción sexual para poder referirse a este término. Uno de ellos tiene que ver con las cualidades exteriores: rostro, físico, formas de peinares y de vestirse y aspectos de la personalidad como la seguridad.
Un segundo tipo está vinculado con con las cualidades interiores y alusivas a una relación previa. Por ejemplo, qué tan estable es el sujeto a una relación estable, de amor y de fidelidad; qué tan grande es la conexión emocional y si la admiración mutua está basada en actitudes o ideas.
“Normalmente, las relaciones comienzan por la etapa primaria y en algunos casos se llega a la secundaria: sin un interés físico no se cultiva la relación de pareja. En otros casos se decide no pasar de ahí (relaciones muy esporádicas, puntuales, únicamente sexuales, etc.). En la demisexualidad ocurre al contrario: para alcanzar la etapa primaria hay que alcanzar antes la secundaria”, agrega Lacort.
http://www.pulzo.com/tecnologia/308616-que-es-la-demisexualidad-ojo-se-manifiesta-mas-en-la-adolescencia-y-juventud